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Reflexiones para el 2016

Diciembre 24, 2015

Piramids

En la víspera de fin de año, del comienzo de un nuevo andar, es importante que reforcemos el potencial de nuestro país, y alentemos la visión de que “México no debe esperar”. Yo creo en México porque tiene recursos naturales, porque tiene fronteras y litorales de gran valor comercial, porque tiene una gran cultura y tradiciones, porque compartimos más de 3,000 kilómetros de frontera con el país más poderoso del mundo y porque todavía tenemos una base importante de jóvenes, lo cual nos da esperanza.

El reto es grande porque las fuerzas políticas y todas nuestras instituciones deben alinearse, supeditando sus intereses particulares y personales a los de la nación, que ciertamente son superiores. En un país con más de la mitad de su población ocupada en la informalidad, o donde casi la tercera parte de la población entre 15 y 29 años ni estudia ni trabaja, la deuda de un cambio real es inaplazable. ¿Sí se puede o sí se debe? Porque si “sí se puede”, ¿por qué no lo hemos hecho? Tal parece, pues, que “ya debemos”.

Aunque ciertamente las libertades de hoy son mayores a las de hace 30 años, todavía persisten atavismos y estructuras que impiden a millones el acceso al desarrollo. Se insiste que México se debate entre dos mundos, el de la globalización y el de las estructuras institucionales que no compiten y que siguen guardando privilegios para sí. ¿O no lastiman los aguinaldos onerosos para jueces, magistrados o funcionarios públicos, que en nuestro nombre gastan los recursos del Estado?

No es mediante una visión de Estado protector o benefactor, que reparte la riqueza de manera “justa”, como podemos esperar atender las millones de necesidades diarias de nuestra gente. El debate de cuánto gobierno y cuánto mercado es una discusión de cuánta responsabilidad individual debemos asumir todos, con tal de dejarle al gobierno lo imprescindible, que es la seguridad, el establecimiento de leyes eficientes y sistemas legales expeditos que ayuden a resolver controversias, así como asegurar que se produzcan bienes públicos. Siempre, sin embargo, ponderando costos y beneficios, con tal de que “no salga más caro el caldo que las albóndigas”.

Sin transformar nuestra economía a una de mayor competencia y de mayor libertad individual para elegir, difícilmente el país podrá hacer crecer su riqueza más allá de los límites de sus recursos. No hay subsidios que alcancen, ni reformas que alienten la inversión, si los actores principales son siempre los mismos. Deberemos transitar, así lo creo, de una economía donde el Estado lo decida todo (o mucho), a una economía donde prospere la iniciativa privada y donde el Estado fuerte, sea capaz de proveer seguridad jurídica y de posesión a las personas, dentro de un ambiente de competencia y de mayores libertades políticas.

No se trata de alentar la iniciativa privada en ambientes monopólicos, porque a eso se le llama “manga ancha”. Se trata de promover una economía donde los individuos e inversionistas sean capaces de observar el valor de todo lo que intercambian de manera libre y voluntaria. Y donde el Estado defienda de manera efectiva todos los derechos de las personas, sin negociar la ley, regatearla o violarla. Debemos profundizar el cambio en el sistema educativo, liberando aun más el accionar de la iniciativa privada, sin tantas regulaciones donde el gobierno sea el que establezca contenidos, planes y programas de estudio, o sea el que defina de manera centralizada la formación docente. La iniciativa privada puede y tiene más capacidades para generar planes, programas, recursos didácticos y sistemas de profesionalización docente, si tuviera más espacios para competir y diseñar de manera libre.

Eficiencia y equidad se contraponen. La eficiencia económica llama a producir todo lo que la gente quiere, al menor costo posible, mientras que la equidad nos llama a distribuir lo producido de manera “justa”. El efecto no deseado de repartir lo que no se ha producido por uno se puede resumir con el dicho de “quitarle al rico para darle al pobre”, o bien con el principio socialista de “darle a cada quien de acuerdo con su necesidad, a partir de aquél que tiene posibilidades”. Reducir la pobreza es una buena intención, pero quitarle al que tiene para darle al pobre tiene un efecto indeseable porque reduce el incentivo al trabajo de unos y otros, pero también inhibe la inversión, por lo que la actividad económica puede perder vitalidad.

Tanto el Ejecutivo como el Legislativo nos atiborran con mensajes de cuánto trabajan por nosotros. Ciertamente si nos comparamos con Venezuela, Brasil o Argentina, nuestra economía se ve estable y creciendo. Pero comparando nuestro nivel de vida con las grandes ligas de los países de la OCDE, México sigue en los últimos lugares, y eso no es una buena noticia. No olvidemos que hoy uno de cada 14 mexicanos es adulto mayor, pero que en 35 años seremos uno de cada 5. Que no nos llegue el tiempo de ser un país de viejos y pobres, que sería el peor de los mundos. Tristemente la cuenta es regresiva y para allá vamos.

Mi mejor deseo económico para este nuevo año, amigos, es que siga prevaleciendo en nosotros, pero que lo podamos expresar con más fuerza, el pensamiento de que “ya debemos.” Muchas gracias, muchas felicidades, y no sólo seamos optimistas, también propongamos.


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¿Que el dinero no compra el amor?

Noviembre 9, 2015

www.cmeef.org.mx

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Cambia tu futuroHemos insistido en el ahorro y sus beneficios personales y sociales. No obstante, hoy quisiera tomar una perspectiva diferente para sacudir tu ánimo, sin darte información técnica, y más bien intentando replantear algunas de las ideas que tenemos acerca del dinero.Read the rest of this entry »

Nosotros somos el problema, no nuestra baja cultura económica.

Febrero 14, 2015

www.cmeef.org.mx

Live below

Seguido nos preguntan cómo elevar la cultura económica y financiera en México. Y aunque saber cómo hacer un presupuesto, entender el interés compuesto, o cómo invertir es parte del problema, en esta sección siempre propusimos que saber economía y vivir son dos caras de la misma moneda. Pero con sólo un enfoque nada asegura que los programas de educación financiera de los bancos sirvan para tomar mejores decisiones. El problema es mayor, porque antes de tomar decisiones financieras, la gente responde humanamente a sus necesidades y deseos, con todas las limitaciones que esto implica.

Si queremos construir patrimonio, no es que no sepamos que debemos generar más ingresos que gastos. Nuestros tropiezos financieros ocurren porque nosotros somos el problema. ¿Qué tanto es que no sabemos de números y de finanzas, y qué tanto que no tenemos carácter para controlar nuestras emociones –y sucumbimos a nuestras necesidades y deseos. Economía y psicología van de la mano. Aunque los principios básicos de las finanzas personales son simples, cambiar nuestra mentalidad y nuestro comportamiento, no lo es.

Más allá de programas de educación financiera que sólo te enseñen a manejar una cuenta de cheques o hacer un presupuesto, recuerda que necesitas fortalecer tu carácter: ese balance entre un pensar claro, un sentir inteligente y un querer firme. El carácter personal es como la presión interna de una cabina de avión que resiste, o no es dominada por la presión externa. Hoy, el medio, las redes y el consumismo nos imponen grandes presiones que deben ser resistidas y dominadas por nosotros, sólo con carácter.

A continuación te listo quizá los tres obstáculos mentales más importantes que necesitarás librar si quieres componer tu vida financiera:

Primer obstáculo mental: “el largo plazo es una pérdida de tiempo, lo importante es el presente”. Si crees que el futuro nunca llega, pregúntale a tus padres, a tus abuelos o a cualquier persona mayor, si no hubieran preferido tomar otras decisiones financieras.  Cuanto antes te convenzas de que debes empezar a tomar control de tu futuro, más pronto le darás tiempo a tu dinero para que crezca.

Segundo obstáculo mental: “Las finanzas no son para mí, son muy complicadas”. Para muchos, es cierto, al escuchar que el índice de precios y cotizaciones cae 3.5% o que el peso se deprecia 8% puede resultar la mejor excusa para levantarse de la televisión y preparar las palomitas. Para ser financieramente alfabeto, en verdad, se requiere poco conocimiento técnico de finanzas personales. La clave es empezar desde un nivel básico y construir a partir de ahí. Las finanzas personales se resumen en dos principios:

  • Frugalidad e
  • Inversión

Frugalidad se refiere a la cualidad de ser ahorrativo y prudente al gastar, con tal de optimizar nuestros recursos, de evitar el desperdicio o de ser presuntuosos. E inversión, con tal de crear rendimientos positivos a nuestros ahorros.  Por lo tanto, si vives de manera frugal, invierte tus ahorros, e incrementa tu educación económica y financiera, lo que te ayudará a mejorar tu posición en el futuro.

Y tercer obstáculo mental: “Los medios y los amigos son muy importantes”. Al sucumbir al poder de la mercadotecnia y mantenerles el ritmo a los amigos, la familia o los vecinos, gastamos en aquello que creemos necesitar, en vez de comprar las cosas que verdaderamente usamos. Nos habituamos a gastar.

Queridos amigos, hoy terminamos una etapa de casi tres años impulsando la cultura económica en este espacio. No me resta más que insistir en que más que una educación financiera mecánica, de hechos y cifras, necesitamos enfocar nuestra economía hacia la parte personal de nuestro comportamiento. Ahí es donde verdaderamente está la clave de nuestro Saldo a Favor.

Escríbanos en Facebook, Educación Económica y Financiera para recibir más información de nuestros cursos y consejos. Hasta aquí, ahora sí, nuestra Economía en Una Lección.

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¿Por qué la gente no ahorra?

Diciembre 26, 2014

Saving

Dr. Jaime M. Velázquez
www.facebook.com/CMEEF

¿Por qué la gente no ahorra?

¿De dónde viene nuestro ingreso, cómo lo usamos, cómo lo administramos, qué implica pedir crédito, y la importancia de ahorrar, invertir, y cuidar nuestro patrimonio?

Tener cultura financiera implica conocer el valor del dinero en el tiempo, el concepto de tasa de interés o el del riesgo al invertir. No es poca cosa, porque del ahorro puede derivarse buena parte de nuestro bienestar presente y futuro. ¿Pero cuál es el estado actual de la cultura económica y financiera mexicana? De una encuesta que aplicamos a 100 individuos adultos en la Ciudad de México obtuvimos las siguientes respuestas.

  •  60% atribuye los “altos precios” al gobierno. Ni a la depreciación del peso, ni a las sequía, ni al cambio climático.
  • El 57% piensa que México pierde con los tratados de libre comercio; el 25% está incierto. Aunque ya llevamos 30 años de un proceso de apertura económica y 20 años del TLC.
  • 55% no tiene ahorrado dinero para el retiro; y 50% de éstos dice no preocuparle. Es decir, ¿“Dios aprieta pero no ahorca… o más vale pedir perdón que pedir permiso”?
  • Sólo 34% piensa que el retiro es responsabilidad individual; 43% cree que es responsabilidad del gobierno y 17% de la familia. O como dice el proverbio mexicano, “vive de tus padres hasta que puedas vivir de tus hijos”.
  • 82% de la gente piensa que el gobierno es el mayor responsable para la creación de empleos. O sea que ni tú, ni los sindicatos, ni las empresas o las escuelas juegan en esto.
  • 100% de los encuestados cree importante conocer cómo funciona la economía. Al menos hay esperanza.
  • Sólo 25% de la gente declaró haber recibido algún curso de economía, pero cuando les preguntamos qué cursos, contestaron “básicamente, administración y contabilidad”).
  • 83% favorece la protección internacional del gobierno a los productores nacionales. Como si el mundo no se hubiera aplanado ya, o no estuviéramos ya perdiendo oportunidades con la India o China.

La gente sabe lo que es bueno pero actúa como si no lo supiera. ¿Cuántos de ustedes saben que fumar es dañino? ¿O que hacer ejercicio y una buena dieta es bueno para la salud? ¿Y aun así comemos mal, fumamos o no nos ejercitamos? ¿Quién no sabe que ahorrar es bueno y que hacerlo de manera regular por mucho tiempo puede ser benéfico para él y los demás?  ¿Por qué pues no podemos hacerlo fácilmente?  Fuera de la imposibilidad de tener un ingreso suficiente para ahorrar, porque no reconocemos claramente los costos y beneficios.

El costo se paga hoy, porque el sacrificio del ahorro debe hacerse en el presente, pero los beneficios son futuros. Si ahorro, dejo de consumir hoy, pero el beneficio lo devengo en el futuro, de ahí que mucha gente se impaciente y no quiera pagar los costos hoy, para no vivir la incertidumbre de no gozarlo después.

¿Pero quién de ustedes, amigos, no cree que vivirá en el futuro?  Al menos, con mucha probabilidad, vivirás un día más, así que nunca escatimes la posibilidad de que efectivamente vivirás en el futuro.

 ¿Para qué ahorrar?

  1. Para tener capacidad de compra futura, para uno y para los demás.
  2. Por seguridad y satisfacción… tener libertad financiera es estar en posición acreedora más que deudora… La diferencia entre pedir y estar en posición de dar.
  3. Fortalece el carácter, porque obliga al sacrificio presente. Los débiles no resisten tentaciones, y porque
  4. Incrementa los fondos disponibles en el sistema financiero, para apoyar proyectos productivos.

Como las mujeres coreanas al limpiar el arroz, piensen, “un arrocito para hoy, un arrocito para mañana”… porque el mañana siempre llega.

Hasta aquí nuestra Economía en una Lección.

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¡Tu futuro financiero depende… DE TI!

Diciembre 18, 2014

Cambia tu futuro

Dr. Jaime M. Velázquez H.

¿Cómo elevar la cultura económica y financiera en México? Aunque saber cómo hacer un presupuesto, entender el interés compuesto, o cómo invertir es parte del problema, siempre hemos propuesto que saber economía y vivir son dos caras de la misma moneda. Pero con sólo un enfoque, nada asegura que los programas de educación financiera de los bancos sirvan para tomar mejores decisiones. El problema es mayor, porque antes de tomar decisiones financieras, la gente responde humanamente a sus necesidades y deseos, con todas las limitaciones que esto implica.

Si queremos construir patrimonio, no es que no sepamos que debemos generar más ingresos que gastos. Nuestros tropiezos financieros ocurren porque nosotros somos el problema. ¿Qué tanto es que no sabemos de números y de finanzas, y qué tanto que no tenemos carácter para controlar nuestras emociones –y sucumbimos a nuestras necesidades y deseos. Economía y psicología van de la mano. Aunque los principios básicos de las finanzas personales son simples, cambiar nuestra mentalidad y nuestro comportamiento, no lo es.

Más allá de programas de educación financiera que sólo te enseñen a manejar una cuenta de cheques o hacer un presupuesto, recuerda que necesitas fortalecer tu carácter: ese balance entre un pensar claro, un sentir inteligente y un querer firme. El carácter personal es como la presión interna de una cabina de avión que resiste, o no es dominada por la presión externa. Hoy, el medio, las redes y el consumismo nos imponen grandes presiones que deben ser resistidas y dominadas por nosotros, sólo con carácter.

A continuación te listo quizá los tres obstáculos mentales más importantes que necesitarás librar si quieres componer tu vida financiera:

Primer obstáculo mental: “el largo plazo es una pérdida de tiempo, lo importante es el presente”. Si crees que el futuro nunca llega, pregúntale a tus padres, a tus abuelos o a cualquier persona mayor, si no hubieran preferido tomar otras decisiones financieras.  Cuanto antes te convenzas de que debes empezar a tomar control de tu futuro, más pronto le darás tiempo a tu dinero para que crezca.

Segundo obstáculo mental: “Las finanzas no son para mí, son muy complicadas”. Para muchos, es cierto, al escuchar que el índice de precios y cotizaciones cae 3.5% o que el peso se deprecia 8% puede resultar la mejor excusa para levantarse de la televisión y preparar las palomitas. Para ser financieramente alfabeto, en verdad, se requiere poco conocimiento técnico de finanzas personales. La clave es empezar desde un nivel básico y construir a partir de ahí. Las finanzas personales se resumen en dos principios:

  • Frugalidad e
  • Inversión

Frugalidad se refiere a la cualidad de ser ahorrativo y prudente al gastar, con tal de optimizar nuestros recursos, de evitar el desperdicio o de ser presuntuosos. E inversión, con tal de crear rendimientos positivos a nuestros ahorros.  Por lo tanto, si vives de manera frugal, invierte tus ahorros, e incrementa tu educación económica y financiera, lo que te ayudará a mejorar tu posición en el futuro.

Y tercer obstáculo mental: “Los medios y los amigos son muy importantes”. Al sucumbir al poder de la mercadotecnia y mantenerles el ritmo a los amigos, la familia o los vecinos, gastamos en aquello que creemos necesitar, en vez de comprar las cosas que verdaderamente usamos. Nos habituamos a gastar.

Queridos amigos, nuestro futuro financiero depende de nosotros. En la medida que asumamos el control de nuestros ingresos y gastos, más oportunidades de lograrlo tendremos. No me resta más que insistir en que más que una educación financiera mecánica, de hechos y cifras, necesitamos enfocar nuestra economía hacia la parte personal de nuestro comportamiento. Ahí es donde verdaderamente está la clave de nuestro Saldo a Favor.

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Desorden institucional: cuando se salen con la TUYA

Noviembre 27, 2014

] Bribing

por Dr. Jaime Velázquez H.

jvelazhe@cmeef.org.mx

Insistentemente hemos planteado que buena parte de los problemas nacionales radica en sus instituciones. Aquí un ejemplo. Durante el pasado puente del 20 de noviembre nos enteramos de un bloqueo por más de 10 horas en la carretera México-Cuernavaca, a la altura de Tres Marías, sólo para enterarnos, luego de 10 horas de bloqueo, que el gobierno estatal de Morelos tenía identificados a los responsables: comuneros de la localidad, catalogados como “talamontes”. La propiedad comunal, residuo de lo que en algún momento fue una evolución de la llamada “encomienda” colonial, es una institución que garantiza la propiedad de la tierra a “todos” en la comunidad. Es de todos, pero de nadie en particular al mismo tiempo, por lo que no hay interés genuino de nadie para cuidarla, sino para explotarla. Con la consigna de “la tierra es de quien la trabaja”, Emiliano Zapata parecía hablar más de propiedad privada que de propiedad colectiva. A cambio, sin embargo, la Revolución creó el ejido, una institución agraria de propiedad colectiva, que no pertenece a nadie sino a todos los ejidatarios. Los ejidos, entonces, dan posesión incluso a aquellos que no la trabajan, por lo que bien podemos imaginar su productividad y su efecto en la pobreza rural.

¿Por qué es relevante esto? Porque estamos por escuchar una reforma de estado, que deberá delinear los cambios institucionales necesarios para desarrollarnos. ¿Por qué algunos países progresan y otros no?  Porque nos invaden estructuras –públicas y privadas- que no promueven la construcción de riqueza sino su destrucción. A la causa de Ayotzinapa se le suman otras no muy claras, principalmente de maestros normalistas y disidentes del SNTE, por cierto, otra organización derivada de la revolución institucional. Pocos podemos estar de acuerdo en gastar recursos escasos en maestros que no trabajan, pero menos podemos estarlo en otros múltiples casos, como: pagar recursos escasos en autoridades que se coluden con delincuentes; ¿admitir la construcción de obras públicas que no se licitan adecuadamente, que encarecen facturas o se dan mediante “adjudicación directa”?; ¿elevar la nómina pública cuando sus beneficios sociales no son claros?; ¿aceptar que el gobierno es un buen proveedor de servicios públicos?; ¿que nos regañen en televisión abierta y nos hagan el favor de “aclarar” lo que a todas luces es un conflicto de interés?, ¿que los recursos públicos se asignen para la promoción personal de la imagen pública?, o bien ¿que destinemos millones de pesos a un sistema judicial que no garantiza que otros invadan tus derechos, y que los delincuentes no sólo se salgan con la suya, sino que se salgan con la tuya?

Si la Reforma de Estado que está por anunciarse no atiende asuntos clave como la transparencia, de poco servirán los parches. El cáncer de México es institucional, radica en la centralización de la educación pública, está en el manejo clientelar de sindicatos, persiste en la propiedad pública de la tierra, que da origen a grupos políticos que se benefician de ésta, está en la explotación de los pobres para ganar votos, está en el llamado “reordenamiento urbano” que da discreción a las autoridades para cambiar el uso del suelo o para autorizar mercados ambulantes en la vía pública. Está en la licitación y asignación de obra pública o en la administración de cuotas sindicales. Corrupción aquí y allá.

¿Por qué hay países que progresan y otros como el nuestro parecen destinados a la media tabla?  La economía institucional es muy clara: es la política. Progresan los que implementan instituciones políticas incluyentes. La historia institucional de Europa, Estados Unidos, África o Latinoamérica es contundente: los grupos de poder establecen las reglas que los benefician, a costa de la mayoría. Nuestra cultura o nuestra geografía no parecen destinarnos tanto como el cambio político. Por el bien de México, que así sea.

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El verdadero “Parto por México”

Noviembre 12, 2014

Frente a las realidades de violencia, asesinatos, mentiras, manifestaciones, corrupción y escándalos que parecen crecer día a día en nuestro país, el momento de México es su posible salto al desarrollo o nuestro aparente destino a la media tabla internacional. No es momento de seguir justificándonos que si estábamos o no para el quinto partido o si era o no penal, el momento de México está en definir su estructura institucional, para estar en posibilidades, sí, de saltar sobre bases firmes.

Es difícil establecer una posición clara y certera de lo que sucede, porque nadie es capaz de verlo todo o de filtrar la información con todos los lentes posibles. Sin embargo, sí debemos asumir dos posiciones frente a las realidades que observamos. La primera es que debemos admirarnos de los hechos. Si perdemos la capacidad de admiración corremos el riesgo de, pasivamente, entregarnos a la ignorancia. Y segundo, siempre deberemos mantener una prudente actitud de duda ante lo que se nos presenta. Aceptar las respuestas fáciles, dejar de contestar realidades dudosas, o aludir cansancio ante asuntos complejos, es un signo de repugnancia al esfuerzo, de ingenuidad inmadura y cómoda, que sólo beneficia a algunos.

Los jóvenes deberían estar inquietos con su futuro, no porque el tren México-Querétaro haya sido suspendido, sino porque las instituciones fueron incapaces de detener un proceso de licitación opaco. Qué bueno que se detuvo, pero qué malo que haya sido la figura presidencial la salvadora. En la medida que sigamos dependiendo de la benevolencia presidencial y no de las instituciones, nuestro nivel de desarrollo político y democrático seguirá en duda.

Los jóvenes deberían estar inquietos con su futuro, no sólo porque hayan desparecido a 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa, sino porque en ese entramado de fábulas reconstructoras de la realidad, se omiten verdades graves que están en juego. ¿Cuántos sabíamos que Lucio Cabañas, ese maestro rural guerrillero, líder estudiantil, jefe de las fuerzas armadas del Partido de los Pobres en la Sierra de Guerrero, secuestrador del senador y luego gobernador de Guerrero, Rubén Figueroa Figueroa, era egresado de la Normal de Ayotzinapa? ¿O que la matanza de Aguas Blancas durante el gobierno de Rubén Figueroa Alcocer durante el gobierno de Zedillo, que le costó su gubernatura a los tres años, fue concluida por Ángel Aguirre Rivero, y que éste sufre ahora la misma suerte ahora por los hechos de Iguala? ¿Qué hay en el entramado que no vemos o no sabemos?

Los jóvenes deberían estar inquietos no porque sus protestas no sean escuchadas, sino porque en el nombre de sus manifestaciones, otros grupos interesados se suman para llevar agua a su molino, lo que al final divide a todos los manifestantes. Hay grupos pagados para generar violencia, hay grupos interesados en sumarse al dolor de Ayotzinapa, con tal de no ser sometidos por la ley, llámense maestros disidentes, narcotraficantes, electricistas, porros, policías mafiosas, grupos paramilitares, anarquistas, o periodistas de aparente “nómina” oficial. Todos, eso sí, viviendo de lo ajeno, a partir del esfuerzo legítimo de muchísimos más mexicanos que día a día ven por su futuro.

Urgen propuestas que nos unan a todos los mexicanos, independientemente de nuestra posición política o visión económica. Unidos contra la impunidad, unidos contra la corrupción, unidos por la responsabilidad, unidos por la libertad y unidos por la democracia, quizá podamos avanzar propuestas para el fortalecimiento institucional de México, independientemente de nuestras ideologías.

Estrictamente hablando todo esto nos importa para fortalecer el crecimiento económico, no porque el fin del ser humano sea fundamentalmente económico, pero sí porque sus metas económicas son necesarias para perseguir sus últimos fines que no son económicos, como  educar a sus hijos, vivir en armonía y ser felices.

Sin dudar de las buenas intenciones de todos los actores, el único pacto que hoy merece México es el que pueda mandar la sociedad civil organizada a su gobierno. Nos urge enviar una señal clara a nuestros jóvenes de que los fracasos no los desalienten, que la constancia y la confianza serán superiores si aceptamos que México está pariendo y que de este Parto por México pueden venir cosas mejores si las proponemos.


Gastando en tu nombre… “¡Se ha ganado…una hermosa plancha!”

Octubre 17, 2014

Porque los recursos son limitados y nuestras necesidades y deseos ilimitadas, enfrentamos problemas de escasez.  Esto implica que poco, o verdaderamente nada, es gratuito. Ni siquiera leer este artículo es gratis, aunque no pagues contablemente nada. Pagas, al menos, el tiempo de poner atención y de no pensar en otras cosas. Frente a este problema, toda sociedad debe organizarse para resolver su problema económico de qué producir, cómo hacerlo y quién se lleva lo producido. ¿Qué tanto de todo esto lo debe decidir el gobierno y cuánto la iniciativa privada? La respuesta depende de qué tanto queremos y podemos los individuos hacerlo por nosotros, o qué tanto esperamos que sea el gobierno –llámese los demás- el que lo haga por nosotros.

Vale la pena, con relación a las cifras de déficit público que observamos en México, que recordemos las cuatro formas en que podemos gastar dinero. Uno, podemos gastar nuestro dinero, en nosotros, en cuyo caso cuidamos cuánto gastamos y en qué lo gastamos, porque es nuestro dinero y es para nosotros; dos, podemos gastar nuestro dinero en otros, por lo que cuidaremos cuánto gastamos –porque es nuestro dinero, pero no tanto en qué, porque no es para nosotros. Es el ejemplo clásico de regalarle a mamá una plancha el 10 de mayo… cuidamos lo que gastamos pero no en qué, porque no es para nosotros. Tres, podemos gastar el dinero de otros en uno. Aquí, no tenemos interés en cuidar cuánto gastamos –porque no es nuestro dinero, pero sí en qué lo gastamos, porque es para nosotros. ¿Se imaginan comiendo garnachas, cuando el jefe los invita a comer, con cargo a la empresa? ¡Qué va! No cuidamos lo que gastamos –porque no es nuestro dinero, pero sí en qué lo gastamos, porque es para nosotros. Y cuatro, podemos gastar el dinero de otros en otros, con lo cual no tenemos el menor interés en cuidar lo que gastamos –porque no es nuestro, ni tampoco en qué lo gastamos –porque no es para nosotros. Este último caso lo enfrenta claramente el gobierno cuando decide gastar nuestro dinero en los demás. ¿Qué incentivo tiene de cuidarlo –si no es su dinero, y qué incentivo tiene de darnos lo que necesitamos, si no es para ellos?

Con este preámbulo, y sabiendo que el gobierno ha incrementado su déficit primario (ingresos menos gastos, excluidas sus obligaciones financieras, principalmente intereses sobre su deuda), debemos hacer algunos comentarios. Primero, una cosa es el déficit y otra la deuda. El déficit es la diferencia entre los ingresos fiscales y los gastos fiscales de un periodo. La deuda, en cambio, es lo que se debe a una fecha específica. Si el gobierno debe 100 y tiene un déficit fiscal de 20, proveniente de un mayor gasto público sobre sus ingresos fiscales, su deuda se incrementará a 120. En este sentido, se dice que el déficit es un flujo y la deuda un acervo acumulado.

Segundo, un déficit primario –que no incluye los gastos financieros- nos dice que el gobierno está gastando más de lo que tiene de ingresos, y aparte, que no le alcanzan sus ingresos para pagar sus compromisos financieros. Debe pedir prestado y, por lo tanto, endeudarse. ¿Acaso esa deuda no deberá pagarse? ¿La pagaremos los vivos o nuestros hijos? ¿Crecerá la base fiscal de contribuyentes o seguirán siendo los mismo? ¿Sirve esa deuda para invertir y hacer crecer nuestro capital nacional, o sólo para gastarlo y ya luego, Dios diga, quién lo pague en el futuro?

La apuesta keynesiana del gobierno fue que el déficit le diera un “empujoncito” a la economía para crecer. El riesgo, tal y como pintan los acontecimientos, es que el “empujoncito más bien nos empine”. En última instancia, amigos, el valor del gasto público lo debemos medir en función de lo que logra para nuestra calidad de vida presente y futura, no por los recursos que usa. ¿Qué piensas?


Y los viejos nos dicen: “Como me ves, te verás”

Septiembre 19, 2014

Población en retiro

Bien dicen los adultos mayores… “como me ves, te verás”. Uno de los grandes retos que tenemos como país es el de transformarnos de un país de jóvenes a uno de población madura y en retiro. Volcar nuestra atención a los adultos mayores y a su calidad de vida es un asunto que nos compete a todos, no sólo porque fueron ellos, bien o mal, los que en gran medida dieron su vida por nosotros, sino porque, también, para allá vamos con velocidad.

Mientras que hoy, uno de cada catorce mexicanos está en edad de retiro, para el año 2050 serán uno de cada cinco. De una población de ocho millones de personas mayores de 65 años en el 2014, alcanzaremos la cifra de veintiocho millones de ancianos en el 2050. Las repercusiones de esta dinámica serán diversas en lo personal, familiar y social, pero de la manera como nuestras instituciones se adapten al nuevo entorno y favorezcan el cuidado de los mayores, será la medida de nuestro bienestar. Desde políticas que incentiven a tiempo el ahorro para el retiro, hasta la administración más humana de la vejez.

Sólo basta darse una vuelta a las oficinas del IMSS, del Pensionisste o de los centros de salud del Distrito Federal, para conocer los viacrucis del adulto mayor, para cobrar sus pensiones o realizar trámites. Sólo recientemente el ISSSTE dejó de pedir a los pensionados su visita semestral para demostrar “supervivencia”, pero todavía los bancos, el IMSS o el gobierno del Distrito Federal mantienen este procedimiento, que sólo incrementa el costo para los pensionados de recibir su dinero.

Si por alguna razón un pensionado no puede acudir a demostrar su “supervivencia” o no es localizado en su domicilio, simplemente no le depositan su dinero hasta realizar su trámite, con todo lo que esto implique en términos de moverse, por su cuenta, en una ciudad que no está hecha para ellos.

¿Por qué, por ejemplo, preguntan los pensionados, se retrasan sus pagos cuando no demuestran su supervivencia “a tiempo”? ¿Por qué las instituciones no procesan sus pagos enseguida y los hacen esperar hasta el siguiente mes? ¿Por qué no les pagan intereses por el dinero que no se les paga a tiempo? ¿Quiénes ganan con el dinero de los pensionados, por estos retrasos administrativos? Esto es apenas la punta del iceberg de una cantidad de asuntos que nos competen a todos, para atender a nuestra población de adultos mayores, población que crecerá más rápidamente que la de niños.

Nuevas profesiones, especialidades, bienes y servicios deberán diseñarse para dar respuesta a nuevas necesidades y deseos. Desde masajistas y terapistas especializados en adultos mayores, hasta financieros enfocados en el retiro y la planeación de la vejez. Los profesionistas actuales deben estar alertas de los cambios que pueden dar sus trayectorias laborales, y también estar dispuestos a explorar nuevos campos de trabajo. Con una población en retiro que crecerá más del 50% dentro de 10 años y más del 250% en 35 años, el empleo de masajistas, entrenadores físicos para adultos mayores, dietistas, nutricionistas, asistentes personales, asesores patrimoniales, ayudantes en el hogar, choferes o cocineras de “entrada por salida”, podrán estar en gran demanda. Un nicho que será importante en el futuro es la cantidad de adultos que vivirán solos y que, seguramente, lo harán por más años que en el pasado.

No es ningún secreto que el retiro es un proceso que nos eleva la ansiedad, pero en una economía que obliga a la flexibilidad, ser capaz de anticipar el futuro, de cambiar ocupaciones o de crear nuevas oportunidades para la iniciativa privada, son también parte del reto. Cómo llegaremos a nuestro retiro nadie lo sabe. Ojalá, sin embargo, que promoviéramos políticas públicas tendientes al mejor trato de nuestros adultos mayores, y nos demos la oportunidad de llegar a viejos y bien. Honremos a nuestros mayores, que por ellos somos lo que somos.

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De “Solidaridad” a “Prospera”… sigue la espera.

Septiembre 11, 2014

work for money

Luego de 17 años de haber gastado más de US$220,000 millones de dólares en programas contra la pobreza que han fracasado para reducirla, el Presidente nos informa que no sólo se mantendrán estos beneficios, sino que ahora tendrán más alternativas para incorporarlos a la vida productiva.

Con más de la mitad de los mexicanos en pobreza patrimonial, es decir, con falta de ingreso suficiente para alimentos, salud, vestido, vivienda, transporte y educación, el número de pobres en México es mayor hoy que en 1990, sin contar a todos los millones de mexicanos que migraron a los Estados Unidos y que hoy envían más de US$20,000 millones de dólares a sus familias. ¿Será que la pobreza no se ha abatido por falta de recursos? ¿O será porque de plano los programas no atienden las verdaderas causas de la pobreza?

Cinco presidentes han puesto como prioridad acabar con la pobreza en el país, creyendo que solamente suplementando sus ingresos es posible sacarlos adelante. Sea Solidaridad, Progresa, Oportunidades, o Prospera, las condiciones de pobreza no se modificarán sensiblemente si tampoco se modifican las condiciones específicas de las comunidades, las instituciones o las culturas en que aparece.

¿Será que ahora se modificarán los programas productivos en el campo? ¿Se dará propiedad legal a la tenencia de la tierra? ¿Acaso ahora se modificarán las condiciones climáticas de nuestro árido territorio? ¿Nuestra instituciones campesinas, llámese la Confederación Nacional Campesina, dejará de servir intereses políticos y se orientará ahora a organizar la producción en el campo? ¿Quién dará la asistencia técnica? ¿Hay capital humano disponible? ¿No faltarán más bien recursos para invertirse en el campo para hacerlo productivo y reconvertirlo? ¿Vale la pena condicionar los apoyos con tal de poder graduar a sus beneficiarios? ¿Y si no se “gradúan” seguiremos sosteniendo estos programas? ¿Se reorientarán los programas educativos con tal de impactar la productividad de los pobres para que se integren a la vida económica? ¿A qué empresas podrán aspirar a trabajar si no hay inversiones locales? ¿Acaso al abatir la pobreza se crearán las oportunidades de empleo en esas comunidades, como consecuencia? ¿Y si no se crean, habrá becas para migrar a las ciudades? ¿Estarán de acuerdo las comunidades indígenas a integrarse a la vida nacional, o seguiremos manteniendo la idea de que debemos preservar sus tradiciones y formas de gobierno? ¿Se seguirá lucrando políticamente con el apoyo a los pobres?

Nos esperan años de grandes retos, con más jóvenes incorporándose al mercado laboral y una población de adultos mayores en franco crecimiento. No habrá recursos que alcancen si no se cambia la estrategia por una de inversión pública masiva, que cambie las condiciones reales del entorno en que viven los pobres. Los programas contra la pobreza tienen el efecto no intencionado de desalentar a la gente de escapar de la pobreza por sí misma. El puro hecho de convertir estos programas en temporales, puede alentar a la gente a “rascarse con sus propias uñas”. Suena duro, es políticamente incorrecto, y quizá por eso no lo dice el Presidente. Pero de que debemos ponerlo sobre la mesa, hay que hacerlo.

Aquí una pregunta: si una familia recibiera $4,000 de ayuda para mantenerse arriba de la pobreza ¿le convendría declarar sus ingresos adicionales para ser graduado del programa y ya no recibir ayuda? ¿Por qué no condicionar la ayuda a que se trabaje en proyectos provistos por el gobierno, por un limitado tiempo? Los apoyos contra la pobreza deben ser una segunda alternativa para los pobres y no su “forma de ser”.

En el extremo, si las políticas penalizan a quienes tienen éxito y premian a quienes fracasan, se reducen los incentivos para prosperar. El reto está en intercambiar eficiencia por equidad. Mientras más igualitariamente dividamos el pastel, más pequeño se hará. Ésta es quizá una lección que casi todos los economistas están de acuerdo.

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